Noticias al minuto. Compras con un solo click. Televisión a la carta… La cultura de la inmediatez es una realidad que recorre todos los ámbitos de nuestra vida. Y la gastronomía y la cocina no quedan al margen de ella. Vivimos en una sociedad en la que esperar por algo ya no es lo normal, y en el sector de la restauración, mucho menos. El comensal se sienta a la mesa de un restaurante y quiere recibir su pedido al minuto. ¿Cómo es posible conseguirlo? La respuesta es fácil: gracias a la quinta gama, a la cocina al vacío.

El concepto, que ha cargado con muy mala fama durantes décadas, ya ha dejado el aspecto esotérico para convertirse en una realidad en el día a día de la hostelería y para el comensal. Los expertos gastrónomos -provenientes de todos los ámbitos- coinciden en que, en quinta gama “es como todo, la hay muy buena y muy mala”.

En foodVAC siempre hemos defendido este concepto, porque desde hace más de una década hemos apostado por la cocina al vacío de alta calidad, una cocina basada en materia prima excelente y cocinada controlando al segundo todo el proceso, para que el resultado sea el mejor posible. Solo así, hemos demostrado que nuestros productos son una solución para el profesional de la hostelería.

La quinta gama, recordemos, hace referencia a los productos de alimentación preparados que se elaboran, cocinan y envasan para ser distribuidos y consumidos después de un sencillo proceso de regeneración. Para el cocinero y restaurador del siglo XXI supone una serie de ventajas que aquí resumimos:

  • Reduce considerablemente el tiempo de preparación. El chef cuenta con la base (el producto de quinta gama) y solo tiene que dedicar tiempo para regenerarlo y complementarlo para personalizarlo a su estilo.
  • Como ya no es preciso cocinar ciertos alimentos, el restaurador también ahorra costes de personal. Porque ya no serán necesarias horas y horas para preparar carnes, postres, salsas…
  • Mayor control de costes y eliminación de las mermas. Porque los precios de los alimentos de cocina al vacío suelen ser siempre los mismos para el mismo gramaje, con lo que el hostelero sabe siempre el coste del plato. Además, sabe que no tendrá mermas de esa materia prima.
  • Consigue homogeneidad en la calidad del producto y con garantías higiénico-sanitarias. Los productos llegan al vacío, con una caducidad más larga que un producto fresco, envasado de tal manera que permite organizar mucho mejor el stock.
  • Amplía la variedad, porque solo de esta manera puede ofrecer en la carta más surtido de platos, sin que ello suponga tener un almacén enorme, ni tener una cocina amplia ni una plantilla enorme en cocina.

Solo recopilamos cinco beneficios, pero habría que sumar muchos otros. Porque, como dice nuestro lema, “cocinamos lento para que sirvas rápido”. Somos cocineros cocinando para cocineros.

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